














Fueron fundados hace ocho siglos, en el 1198, por un grupo de jóvenes cristianos después de un largo período de discernimiento y organización, unidos con la intención de ofrecer al mundo un servicio humanitario contrario al servicio militar de la época: las Cruzadas; con la especifica finalidad de liberar a los “prisioneros de guerra” de dichas “guerras santas”. El fundador y lider carismático de los Trinitarios es San Juan de Matha, provenzal formado culturalmente en París, donde estudió hasta convertirse en Magister.
Ya desde sus orígenes, los Trinitarios, además del deber primordial de la LIBERACIÓN de los prisioneros, se dedicaron con gran interés a la práctica de la HOSPITALIDAD. Es por ello que ya en el siglo XIII encontramos sus DOMUS (Casas de Acogida), en Portugal, en Inglaterra, en España al igual que en Belgío, en Francia y hasta en el Medio Oriente. Actualmente los Trinitarios están presentes en varias partes del mundo: Cile, Cánada, Estados Unidos, India, Francia, Madagascar, Alemania, Méjico, España, Argentina, Brasil.
La “Casa para Vacaciones”, aquí a pocos pasos del Vaticano, quiere ser un signo de continuidad del carisma de los Trinitarios aplicado al contexto actual del turismo, del peregrinaje y de la hospitalidad, como respuesta al contínuo llamado de Papa Juan Pablo II a las comunidades religiosas al renovarse al paso del tiempo, y especialmente con ocasión del VIII centenario de la Regla de Vida de los Trinitarios, cumplido en el 1998 y a la llegada del Tercer Milenio del 2000, año jubilar.
Fragmento extraído de la Regla de Vida de San Juan de Matha:
17: (El cuidado de los huespedes, de los pobres y de todos los viandantes) sea confiado a un fray entre los más prudentes y benévolos, el cual los escuche, y si será el caso, les dé a ellos la confortación de la caridad. Pida, sin embargo, a aquellos que crea de deber acoger, si están dispuestos a acontentarse de cuanto les viene servido de los hermanos. No es cierto conveniente, que algunos sean admitidos a banquetes abundantes y costosos. Pero lo que hay para dar, sea dado con alegría, y a ninguno se devuelva insulto per insulto. Si alguno, especialmente religioso, pide hospitalidad, sea amablemente servido con caridad, según las posibilidades de la casa.
No se dé a los huespedes avena u otro tipo de cereal, si ellos se encuentran en una ciudad o aldea donde se vende, a menos que los huespedes no sean religiosos o tales, y no la posean o no puedan comprarsela. Contrariamente, si los huespedes no la hubieran encontrado en venta y de ella hay en la casa donde han sido recibidos, sea a ellos ofrecida a un precio conveniente.

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